
Ningún presidente municipal ha estado nunca preparado para su cuarto año, sí el año post trienio.
Si cuando la No Reelección estaba vigente a todos se les olvidaba que en tres años se terminaba su administración, ahora qué hay la posibilidad de reelegirse dan por hecho que se quedarán.
El cuarto año es el más difícil y riesgoso.
Es evidente que los cuatro ex presidentes municipales, que recién la semana pasada asumieron como regidores Laura Beristain, Pedro Joaquin Delbois, Víctor Mas y Nivardo Mena no soñaron con ocupar una silla en el cabildo. Cuando fueron por la reelección nunca pensaron perder.
Es que tener el poder genera una falsa imagen de que todo está bien y los ciudadanos felices, felices. Entre halagos y “burbujas” creadas por colaboradores, es fácil ignorar lo que ocurre, desvirtuar la realidad.
Los factores para perder el poder en elecciones pueden resumirse así:
Servicios públicos básicos que no funcionan: recolección de basura, alumbrado público, transporte, calles pavimentadas, sin baches y limpias, vialidad y semáforos.
Falta de recursos para apoyar en necesidades apremiantes a los grupos vulnerables.
Y, el reto más grande: seguridad.
Otros factores que también cuentan a la hora de perder es el tipo de personalidad y liderazgo con el que se conduce un presidente ¿Qué proyectaron? ¿Carisma, decencia, empatía o contrario hay soberbia, corrupción, antipatía, frivolidad, ignorancia?
Esta primera semana las nuevas administraciones se han asomado a lo que podría ser calificado como “corrupción insoportable”
La ahora regidora Laura Beristain, no soportó la presión y salió airada de la sesión de Cabildo, al resistirse a entregar el Acta formal de cambio de Gobierno, lo que sienta precedente legal.
A Pedro Joaquín Delbois le están revisando nóminas de antes y después de su campaña para tratar de contabilizar aviadores.
Víctor Mas y Nirvardo Mena están siendo auditados, uno por aprobar un Programa de Ordenamiento Territorial que la Federación rechazo por depredador y el otro por armar sesiones de cabildo falsas durante su administración.
El poder tiene fecha de caducidad. Los ciudadanos los rechazaron en las urnas. Nunca se prepararon para entregarle a su peor enemigo. Ahora viene la descomposición, a pasos agigantados, más profunda de lo que se imaginaba.
A partir de ahora, estamos escuchando y enterándonos de cifras inimaginables, porque las culpas están buscando responsables.
A las y los nuevos alcaldes se les acumulan los problemas. El más esencial es la recuperación de la credibilidad, la limpieza interna y su relación con la administración pública pasada. Necesitaran hacer gala de liderazgo y mucha firmeza, no bastará con conferencias y declaraciones. ¿Procederán?
