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El Cedral y el cambio de estafeta en Quintana Roo

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No es un evento masivo, ni de fotos de multitudes, es un acto de comunión, con tintes espirituales, en el que los guardianes de la tradición llevan la batuta. La ceremonia del 3 de mayo en El Cedral en Cozumel es uno de los rituales más profundos en territorio quintanarroense y se entremezcla con la política a un nivel de intimidad, de ungimiento, de bendición.

El voto de Cozumel es un voto de calidad, dijo uno de los patriarcas de la Isla de las Golondrinas hace tres lustros.

Es un voto de calidad porque es el voto de una sociedad consciente, informada, reflexiva y participativa.

No son el mayor número de registrados en el padrón electoral, pero son influyentes y tienen visión de conjunto en cuanto al destino del estado, ciudadanos altamente politizados, acostumbrados a “hablarse de tu a tu” con gobernadores.

Apenas alcanza Cozumel el quinto lugar en la cantidad de votantes, pero tiene una alta participación en las elecciones: 62.88% del padrón ejerció su voto en 2016, cuando el promedio en el estado se mantiene siempre alrededor del 45%.

En El Cedral, referente de arraigo, tradición, religiosidad, unión, en 1999 “se destapó” para gobernador a Joaquín Hendricks, fue allí en la casa de una familia conocida en la localidad y cada año regresó el 3 de Mayo, al igual de cada 11 de diciembre, a darle la vuelta guadalupana a la isla trotando o en bicicleta.

Félix González como candidato asistió vez tras vez al Baile de la Cabeza de Cochino, el evento culminante de las fiestas en honor de la Santa Cruz de Saban, como alcalde, diputado federal y gobernador. Lo mismo Roberto Borge en 2010 o Mauricio Góngora y Carlos Joaquín -cada uno en diferente horario y con diferente familia local acompañando- en 2016.

Las raíces cozumeleñas y vinculación a la isla de todos los candidatos justificaban su presencia. Algunos han participado allí cada año desde su niñez, pero hacerlo como candidato tuvo siempre un significado especial siempre y envía un fuerte mensaje social que todos entienden.

La presencia este 3 de mayo de Mara Lezama, candidata a gobernadora de Juntos Hacemos Historia en El Cedral ¿es el cambio de estafeta? ¿El signo no político de la transición tersa? El
ritual de consagración? ¿La bendición final?.

Aunque se cuidaron las formas y las prohibiciones legales electorales en el sentido de que ni el gobernador Carlos Joaquín ni la presidenta municipal Morena Juanita Alonso se acercaron ni cruzaron palabra con Mara, si coincidieron en el baile ceremonial.

El broche de oro en este acto fue que desde presidium en la clausura, en nombre de Eligió Cardenas, el bastonero mayor de las fiestas de El Cedral y descendiente directo de Casimiro Cardenas quien trajo la Santa Cruz de Saban, se agradeció e invitó al “mismísimo” Presidente de la República Andrés Manuel López Obrador a acompañarlos el próximo año.

Los nuevos tiempos se parecen mucho a los viejos tiempos.

Indhira Carrillo

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