Directivos acusados de vínculos inapropiados con abogados de narcotraficantes, líderes investigados por posible corrupción y agentes que presumen de beneficiarse de sus puestos son algunas de las polémicas que la agencia estadounidense, criticada por López Obrador por su actividad en México, ha sufrido en los últimos meses. En México, por lo mismo, el Presidente busca limitar su influencia en el país.
Ciudad de México, 21 de abril (SinEmbargo).– Fue una cuestión de días. El viernes pasado, hace exactamente una semana, la administradora de la DEA, Anne Milgram, salió a revelar en una conferencia de prensa junto al Fiscal General de EU Merrick Brian Garland cómo la Agencia Antidrogas estadounidense se había infiltrado en la red de “Los Chapitos” para obtener información clave que tiene a los cuatro hijos de Joaquín “El Chapo” Guzmán en la mira de la justicia estadounidense. La situación llevaría a un nuevo conflicto con México y se agravaría por una investigación interna.
La revelación de Milgram llevó al Presidente Andrés Manuel López Obrador a acusar a la DEA de ser injerencista y de espiar en el país, en el más reciente episodio de un historial de diferencias que ha tenido esta agencia con el actual Gobierno, sobre todo ante la evidencia y sospecha que vincula a sus agentes con prácticas ilegales en el país como sucedió con Nicholas Palmeri, su mando en México, quien fue destituido a inicios de este 2023 por vínculos con abogados de capos o la unidad especial de esta corporación disuelta hace un año, a la que el Presidente acusó de tener vínculos con criminales.
Ahora, Milgram se encuentra en medio de una investigación en EU por haber otorgado contratos millonarios por adjudicación directa a antiguos colegas, mientras que en México, el Presidente ha vuelto a cuestionar la manera en la que opera la DEA en el país, sin transparentar ni informar sus operaciones al Gobierno, lo cual tiene a esta agencia en un momento delicado con varias investigaciones por corrupción en sus filas, al mismo tiempo que la relación López Obrador se ha tensado.

“Lo primero es que la DEA no siempre se ha comportado igual y en cada sexenio ha sido distinto. Es decir, no podemos hablar de continuidad sino más bien de rupturas entre sexenio y sexenio e incluso entre sexenios hay diferencias, los tres primeros años de Enrique Peña Nieto, la DEA fue una agencia mucho más poderosa, con mayor apertura del Gobierno que los siguientes tres”, explica el profesor e investigador del CIDE Carlos Pérez-Ricart.
Opinión en video
más leídas
más leídas
entrevistas
entrevistas
destacadas
destacadas
Fuente: Sin Embargo
