
Antonio Barragán, sobreviviente de Aguas Blancas, fue capturado en 2001. En su cautiverio fue torturado, e ingresado a prisión donde continuaron las vejaciones. La Policía de Genaro García Luna lo acusó de secuestro y de diversos asesinatos, delitos que no cometió. Al igual que él, Gilberto Aguirre Baena, otro sobreviviente de la masacre de hace 30 años, estuvo preso por 21 años acusado de homicidio. Él, a diferencia de Antonio, salió libre en abril del 2023 mediante el programa de libertad anticipada y amnistía del Gobierno federal para personas injustamente presas.
Ciudad de México, 27 de junio (SinEmbargo).- La masacre de Aguas Blancas es uno de los episodios más oscuros de la historia reciente de México. Ejemplifica el uso de la fuerza del Estado para aniquilar la protesta social y el menosprecio a los campesinos organizados y en resistencia.
A tres kilómetros del poblado de Aguas Blancas, en Guerrero, el 28 de junio de 1995, hubo una emboscada. Los testimonios relatan que los miembros de la Organización Campesina de la Sierra del Sur (OCSS) iban con destino a Coyuca de Benítez con el propósito de pedir el cumplimiento de las promesas de ayuda para los cultivadores de café.
“Los campesinos iban en dos camiones de carga: el primero fue detenido en ‘El Vado’ por un grupo de policías y agentes judiciales estatales. Los hicieron descender y, con golpes, los obligaron a acostarse en el suelo, a esperar. Cuando llegó el segundo vehículo el procedimiento se repitió, pero justo antes de concluirlo los policías y agentes judiciales dispararon contra los indefensos campesinos durante casi 20 minutos”, relata la Comisión Nacional de Derechos Humanos.
El saldo: 17 campesinos asesinados; 14 heridos.
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Fuente: Sin Embargo
