
La búsqueda, el estrés, la angustia y los sentimientos que experimentan las buscadoras han venido a deteriorar su salud al cargarlos por tantos años. Una encuesta realizada por la organización Idheas muestra que, de 150 familiares de personas desaparecidas, al menos 138 indicaron que tenían buena salud antes de la desaparición de su ser querido y 122, en concreto, indicaron que a raíz de la desaparición desarrollaron alguna enfermedad crónico-degenerativa.
Ciudad de México, 10 de mayo (SinEmbargo).- La búsqueda de Araceli Salcedo Jiménez ha sido implacable. Ha recorrido pasillos de hospitales, cárceles y miles de kilómetros de calles con la fotografía de su hija Rubí Fernanda en el pecho. La ha buscado hasta en aquellos lugares en los que nadie quisiera encontrar a un ser querido desaparecido: entre cerros, fosas clandestinas y campos de exterminio.
Sin embargo, la enfermedad y los accidentes han alcanzado a Araceli, madre buscadora que lleva 11 años tratando de encontrar a Rubí, desaparecida en septiembre de 2012. En su lucha, incluso confrontó en 2015 al entonces Gobernador Javier Duarte. Cinco años después tendría que enfrentar otra situación, un cáncer que le fue detectado en 2020 y que parecía haber vencido, pero se ha ramificado. Pese a ello, no se detiene.
A pesar de la enfermedad y de diversos accidentes que ha padecido en el campo, que la han llevado al hospital, y de las amenazas de grupos criminales y desconocidos que quieren que detenga sus rastreos, ella afirma tajante: “La lucha por un hijo no termina. Una madre nunca olvida, a pesar del desgaste tanto físico como emocional”.
La historia de Salcedo, fundadora y representante del Colectivo de Familias Desaparecidos Orizaba-Córdoba, no es aislada, sino una constante entre las madres y familiares de personas desaparecidas. La búsqueda, el estrés, la angustia y los sentimientos que experimentan las buscadoras, “al cargarlos por tantos años” han venido a deteriorar su salud.
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Fuente: Sin Embargo
