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Cinco claves que deja la votación presidencial de Perú

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Más allá de si el ganador es Pedro Castillo o Keiko Fujimori, la radiografía que el voto deja de Perú y sus problemas es clara

Con un recuento de los votos agónico y ajustado, que amenaza con prolongarse por varios días antes de que se pueda contar con un resultado oficial, las elecciones en Perú permiten sin embargo extraer ya algunas conclusiones sobre la situación política, social y económica del país.

Más allá de si el ganador es Pedro Castillo (izquierda) o Keiko Fujimori (derecha), la radiografía que el voto deja de Perú y sus problemas es clara.

Un abismo separa los grandes centros urbanos de la costa del Pacifico del resto del país. El “antifujimorismo” es la expresión política más consistente y extendida de Perú. La solidez del sistema electoral es firme, y el voto exterior es y será determinante en el resultado.

También parece claro que quien salga elegido lo hará con una legitimidad endeble y estará forzado a tender puentes tras una campaña extremadamente polarizada que ha dejado al país tajantemente dividido.

1.- El abismo en Perú

Perú tiene dos realidades paralelas. La costa norte del Pacífico y Lima, por un lado, y el resto del territorio, por otro.

Si bien esa división ya se venía articulando y subrayando hace años, el voto parece zanjar la discusión.

Lima, el Callao y las regiones de La Libertad, Lambayeque, Tumbes y Piura, así como Ica, en menor medida, han votado ampliamente por Fujimori y sus propuestas de continuismo económico neoliberal.

Son zonas que han aprovechado las políticas económicas de los últimos 30 años, que concentran los flujos comerciales y la inversión agroindustrial, tienen mejores vías de comunicación y están más densamente pobladas.

Son también zonas con mayor población de origen europeo o mestiza y donde la violencia política de los años 80 y 90 del siglo pasado fue menor.

Del otro lado está el interior, particularmente las regiones altoandinas del sur, con una altísima población de pueblos originarios, que fue devastada durante el terrorismo, que atesora ingentes recursos mineros y energéticos pero a las que el desarrollo económico dejó de lado.

El voto por Castillo allí es abrumador: Puno (89 por ciento), Cuzco (82.9 por ciento), Apurímac (81 por ciento) y Ayacucho (81 por ciento).

2.- El “Antifujimorismo”

El “antifujimorismo“, la laxa coalición político-ciudadana que se articula en función a su rechazo a Keiko Fujimori y su padre, el expresidente Alberto Fujimori (1990-2000), es la principal fuerza política y, de hecho, la más influyente del país.

Para este grupo, los Fujimori y sus políticas son la representación paradigmática de males como la corrupción, los abusos de poder, el terrorismo de Estado y el copamiento de los poderes públicos.

Fujimori, pese al abrumador respaldo mediático y de los poderes económicos, no parece haber logrado que su reiterado mensaje para plantear el voto como un referéndum entre “comunismo y libertad” o en defensa del “modelo” económico supere el rechazo a su persona.

O dicho de otro modo: pocos de los votos de Castillo obedecen netamente a sus propuestas de cambio económico y de la Constitución y muchos al hecho de que él no es Keiko Fujimori.

3.- Tender puentes

Quien gane estas elecciones lo hará con votos “prestados” unidos coyunturalmente en contra de un “mal mayor”, lo que implica de salida una débil de legitimidad.

La tarea será mantener el precario respaldo popular y además aproximarse al resto de la ciudadanía que exige resultados: Perú atraviesa una profunda crisis económica, social y sanitaria que requiere un enfoque colectivo y un esfuerzo común.

En 2016, Pedro Pablo Kuczynski superó a Keiko Fujimori en el balotaje en una circunstancia similar, con una diferencia de apenas 40 mil votos.

Fujimori no aceptó el resultado y desde el Congreso, donde ostentaba una abrumadora mayoría parlamentaria, hizo lo imposible por desbarrancar al Ejecutivo y terminó por desatar una gigantesca crisis política cuyas consecuencias aún se están viviendo.

Esta vez, ambos candidatos han dicho que aceptarán el resultado cuando sea oficial y piden colaboración y calma, lo que aparenta ser un buen síntoma.

4.- El sistema funciona

Pese a la enorme tensión que está sufriendo, el sistema electoral peruano, y por extensión su democracia, parece estar funcionando a la perfección.

Bajo la pandemia de COVID-19, la votación presidencial se realizó con total tranquilidad, sin incidentes graves y sin que se pueda dudar de la imparcialidad de los agentes electorales, pese a intentos de uno y otro lado por sembrar dudas y clamar por fraudes inexistentes.

Con una población alterada y muy polarizada y muchas cosas en juego, la resiliencia de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) y el Jurado Nacional de Elecciones (JNE) es patente y su trabajo es respaldado por los observadores electorales internacionales, que descartan que pueda haber algún tipo de fraude.

5.- Voto exterior

La Presidencia de Perú se definirá en Florida, Madrid y Buenos Aires, entre otros lugares.

Con un censo de poco menos de un millón de electores, los peruanos en el exterior son determinantes en estas elecciones por primera vez en la historia.

El porcentaje de votantes peruanos que ejercieron su derecho desde fuera del país fue del 38 %, una cifra superior a la de otras citas con las urnas.

Generalmente, este voto, que tiene en Estados Unidos, España, Argentina y Chile sus mayores centros, es mayoritariamente fujimorista, pero está por ver si el incremento en la participación responde a la candidata o si por el contrario es una reacción “antifujimorista”

Esto se descubrirá en el último momento: las actas de los sufragios deben llegar físicamente a Lima para ser procesadas e incluidas en el sistema, y eso puede demorar días.

Con información de EFE

Fuente: Lopez Doriga

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