Si Acapulco era ya una zona de contrastes, luego del paso del huracán “Otis”, éstos se agudizaron. La Zona Diamante del puerto luce destruída y vacía, sólo trabajadores limpian desde muy temprano. A algunos kilómetros de distancia, hay calles llenas de habitantes que resisten mientras esperan servicios, limpieza y apoyo.
Acapulco, Guerrero, 3 de noviembre (SinEmbargo).- A los alrededores del Mercado Central de Acapulco, la basura se acumula: camarones, tamarindo, aguacates, fruta… todo se pudre al calor del sol. Son calles en las que los servicios de limpieza avanzan a marchas forzadas.
Las avenidas están capturadas por montañas de basura. No sólo con láminas y pedazos de palmera, sino con productos que hasta hace una semana se comercializaban: huaraches, trajes de baño, artículos de barro… todo está lleno de lodo.

Afuera de los comercios hay grupos de gente, que en medio de todo, sonríen. No solamente se hacen compañía, también lograron organizarse para comer y cuidar lo poco que queda y que hay que levantar porque sobrevivieron a “Otis”.
A una semana del paso del huracán, esta es la realidad de muchos a unos cuantos kilómetros de distancia de la Zona Diamante.
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Fuente: Sin Embargo
