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El rechazo a la “expropiación consensuada”

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Se vale soñar en grande, pero no tanto que se olvide atender lo cotidiano, también los obras pequeñas tienen sentido. Los ciudadanos las valoran más. 

Transcurre el cuarto año de proyecto del Tren Maya, ambicioso y espectacular, pero sigue estando en el futuro. Es Quintana Roo, el estado que apoyaría con más pasajeros y turismo para las demás entidades del sureste, sobretodo desde Cancún a Tulum.

Las modificaciones al plan original no parecen concretarse. 

En 2018 nos dijeron que el trazo iba bajo las líneas de distribución eléctrica de alta tensión de CFE y no necesitarían expropiarse terrenos ni negociarse indemnizaciones. Vamos, que esta obra estaba prácticamente hecha.

Básicamente solo tendrían que reubicarse unas 700 familias de asentamientos irregulares en el municipio de Solidaridad, por lo que Laura Beristain la alcaldesa morenista en ese momento basó gran parte de su mensaje en un programa de vivienda federal como parte del Plan Maestro de Mejoramiento Urbano. Esto ya no ocurrió, el plan fue descartado aunque ya había un terreno de 10 hectáreas para concretarlo.

En la modificación nos anunciaron que el Tren Maya sería elevado y la carretera se ampliaría a 6 carriles. Difundieron diseños y animaciones de cómo quedaría la obra ferroviaria con sus terminales de extraordinaria belleza arquitectónica y la autopista.

Entonces surgieron dos socavones en la carretera 307 entre Cancún-Tulum, que mostraron que el suelo calizo de esta región quizás no sea el más apropiado para un tren elevado. 

Socavones que tardaron seis meses en reparar el primero y el segundo, cerca de Tulum aún permanece sin resolver, quizás porque la SCT y los funcionarios federales piensan que para qué trabajar doble, mejor esperar las obras generales del tren.

También se anunció al inicio de año que se construye una carretera alternativa entre Puerto Morelos y Playa del Carmen para aminorar el impacto de los trabajos en la movilidad turística de esa zona. De la cual no se sabe si se concretó o se desistió su realización.

Esta semana surge un nuevo desafío para la paciencia de los turisteros previo a la obra: la Federación pretende una “expropiación consensuada”(así la llamó el director de FONATUR) de los terrenos de la franja costera aledaños a la carretera, propiedad de desarrollos turísticos.  

Lo que prendió las alarmas de los hoteleros de Tulum, Solidaridad, Puerto Morelos y Cancún, de por sí preocupados por los 2 años y medio que podría durar la obra en construcción.

Exponen sus razones de rechazo: 

1. Los predios aledaños a la carretera del lado continental tiene menor potencial de desarrollo y sería también menos la afectación. 

2. Los permisos ambientales de construcción fijan la cantidad de habitaciones en equilibrio por hectárea. Si sus predios se reducen por esta expropiación, quedarían expuestos por incumplimiento.

3. Muchos de los desarrollos turísticos fueron realizados con financiamiento y están en garantía hipotecaria, lo que legalmente complica el panorama.

4. Son terrenos de alta plusvalía y los ofrecimientos del gobierno federal están por debajo de los valores catastrales o de mercado.

Mientras esperamos que se concrete el Tren Maya en sus 121 kilómetros del Tramo 5, la carretera 307 luce descuidada, sus camellones y laterales con maleza y sin señalización vial ni líneas de piso.

Más ejemplos de este abandono de lo prioritario: los semáforos fuera de servicio en la principal ciudad turística de México. Ni que decir del Boulevard Colosio, la entrada a la ciudad de Cancún desde el Aeropuerto.

En tres años no ha habido inversión estratégica, no hay obra pública para aliviar el día a día. El cuarto año avanza.

Con latente rencor acumulado, toda persona se convierte en un crítico. Alguien no está midiendo el alto riesgo de la inconformidad social.

Indhira Carrillo

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