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La poca transparencia de las encuestas y los errores de percepción que provocan

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Las tres encuestas prometidas por el CEN de Morena a las y los aspirantes a gobernador@ deberían ser casa por casa y cara a cara con cobertura geográfica representativa de todas las regiones de Quintana Roo para acercarse un poco a la realidad. 

En estos días, entre el fin de semana pasado y el siguiente, muy probablemente estén realizándose las encuestas para medir la intención de voto de los cuatro aspirantes a la candidatura de Morena por la gobernatura de Quintana Roo, según filtran fuentes cercanas a ese partido. 

Escribo “muy probablemente estén realizándose” porque en el proceso municipal 2021 quedó claro ante tribunales que no se hicieron encuestas. Y en este nuevo proceso, rumbo al 2022, la transparencia y precisión en este tema no ha sido un atributo de ese partido.

En la última semana de noviembre Morena realizó una encuesta para medir solo a los varones que se inscribieron, cuyos números fueron dados a conocer a los participantes y se hicieron públicos. 

El tema principal es medir los atributos de las y los participantes, no es un concurso de popularidad, de quién sea más conocido, sino de a quien ven los quintanarroenses con más aptitudes para gobernar este estado y sacar adelante los temas que han quedado pendientes por la crisis que originó la pandemia.

Según la propia convocatoria para el proceso interno, Morena puede decidir por encuesta o por valoración política. O sea nada en sus estatutos obliga.

Hasta ahora, la multitud de encuestas en general que nos han dado a conocer en los últimos meses en las qué gana una o gana otro, han sido más un instrumento publicitario de posicionamiento, que impulsa a quien las paga en la mente de los electores. 

Son encuestas no oficiales. Los nombres de las encuestadoras suenan desconocidos o nuevos en el escenario político, lo que debería hacernos dudar de sus resultados triunfalistas y rotundos.

El problema es que la opinión pública cambia, es difícil de medir y muy a menudo hay un rechazo oculto, no expresado. 

Las llamadas “push pull”, cuyas preguntas inducen una respuesta, llevan a la gente a contestar de cierta manera.

Esto hace que las encuestas muy a menudo sean inexactas y hasta erróneas. ¿Cuantos titulares de prensa basados en encuestas han quedado obsoletos cuando la realidad supera la ficción de la “encuestitis”? 

La calidad de una encuesta reside en el diseño de la muestra de personas encuestadas y el tipo de preguntas que se les hacen, puede quedarse corta, ser muy reducida o enfrentar problemas por desconfianza de los encuestados en estos tiempos de gran inseguridad: no necesariamente las respuestas expresadas son honestas.

¿Porque se siguen haciendo? Porque los políticos quieren dar la sensación que escuchan y obedecen a las mayorías y porque así  los tomadores de decisiones pueden citar una base “sólida” para lo que aprueban. 

La clave esta en conocer con exactitud la ficha técnica, la muestra, el cuestionario y la cobertura geográfica de las encuestas.

Así que quien piense que las encuestas son una forma de legitimarse, debe recordar esa máxima que en política dice: “la verdadera encuesta es el día de la votación oficial”.

Indhira Carrillo

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