
“Luchemos contra lo viejo, pero concentremos nuestra energía en lo nuevo” dijo Gustavo Miranda mientras la frase aparecía en letras de molde en un sui generis informe administrativo tipo charla TED Talks el sábado, justo antes de dejar de ser presidente de la Junta de Gobierno y Coordinación Política JUGOCOPO y entregar el lugar a Eduardo Martínez Arcila, lo que en sí es una contradicción, porque el diputado panista representa la solidez de las viejas formas de hacer política y puede ahora darse el lujo de contar en su curriculum que 5 de sus 6 años en el Congreso de Quintana Roo ocupó la titularidad de la Gran Comisión, la Mesa Directiva y la JUGOCOPO.
Para crecer, hay que romper, expresó el joven legislador verde en sus 23 minutos de moderna presentación con megapantalla a sus espaldas. ¿Romper? ¿Con que rompió durante el año de su presidencia?.
691 millones de pesos tuvo como presupuesto este año el poder legislativo. En proporción al número de habitantes, el Congreso de Quintana Roo es el más caro del país, según el Instituto Mexicano para la Competitividad IMCO.
La productividad del año legislativo que apenas terminó: 81 decretos 118 acuerdos y 1 declaratoria. Lo curioso es que Miranda García al afirmar que duplicó las iniciativas, sesiones y reuniones de comisiones decidió comparase con 2020, cuando el Congreso permaneció cerrado la mayor parte del periodo por pandemia, así es fácil impresionar con números.
Los resultados prácticos para el ciudadano común de la tecnología Block Chain no quedan claros, ni los millones invertidos en esa por demás innovadora herramienta digital, que de todos modos no provee a sus usuarios habilidades de negociación, de operación política, estabilidad y gobernanza, mucho menos humanidad y don de gente, como pudimos notar en los últimos doce meses.
En el año legislativo que inicia este domingo, Martínez Arcila, con un perfil más tradicional, tendrá que conducir, controlar el Congreso, el cierre de sexenio, las cuentas públicas del Gobierno del Estado y los Ayuntamientos, los juicios políticos contra los presidentes incómodos salientes, a la vez que administrará en año electoral 2022 un presupuesto similar o mayor al qué pasó por las manos de Gustavo Miranda.
Así se planeó y acordó desde el inicio de esta legislatura en 2018. Los quintanarroenses esperan un Poder Legislativo autónomo, que actúe a favor de lo mejor para el estado, no como una oficina más del gabinete. Dos años legislativos desperdiciados con presidentes de la JUGOCOPO de Morena y el Verde. Así que, no necesariamente lo nuevo es bueno ni permanece.
@CarrilloIndhira
